Ellas de ocasional polvo y cadáveres de perro, de manos ajadas o embadurnadas de mieles y pócimas;
Con sus bolsos al hombro o sus monederos de morralla, o títulos doctorales o amores perdidos en el recuerdo de callejones y adictos.
Ellas, de miradas incorruptibles y amistades permanentes, de hermanas de vida y agua salada de lagrimas interminables y funerales constantes.
Amables, cansadas; madres, solteras, madres solteras; híbridas amordazadas, educadas y almidonadas.
Espejos de almas de distintos destinos e idénticos ideales,
de calles sin nombre, sin pavimento, otras con protocolos y numeraciones imposibles.
Cuentos de vírgenes y no tanto, de manteles largos y mandiles amarillos , esposas amantes, infatuaciones y realidades cáusticas.
Mesas redondas de incontinencias políticas con reflejos de macho, desigualdades y guerras comunes, emancipaciones.
Ellas tan distintas, tan iguales.
Ejercito de tetas incontenibles de deseo y añoranza, caderas de ritmo de tambor.
W.